sábado, 5 de junio de 2010

Escrito No. 9

Sé cómo se escucha tu voz a media noche; me lo han dicho los vientos. Eres como un sol que desgarra mi oscuridad; transitiva y radiante  como la luna. Al igual que tus manos, el resto de tu cuerpo se antoja  marcar a besos. Quisiera estar dentro de tus vestidos.

Me muero por poder, aunque sea un minuto, acariciar tus manos, no sabes lo mucho que lo deseo. En tu voz hay un canto de libertad. ¿Escuchas esa canción? Es la canción del amor. Y me odio tanto por no habértelo dicho antes. 

Tu color, es el color de las rosas. Tu aliento, es el aliento de las rosas. Encontré la primavera en los  encajes de tu piel. Quiero adornar con el  aura tu cintura, como si fueran una corona de flores, centímetro a centímetro,  luego, depositar cera en tu bajo vientre. Tú eres la fuente de la que bebo agua, tan cristalina, tan dulce, tan fresca… Como el agua de las montañas.  Bajas por bellos paisajes tomando todo lo hermoso del mundo y tomas mi cansado cuerpo.  Tiene amor / Y tu idea del amor es más bella que el amor…  Cortaría más flores para ti. Pasaría  un atardecer hincado a tus pies. Tomaría del veneno que me das. Cuidaría con mi calor tus pétalos del invierno. En mis manos hay un refugio para ti.   Sé que puedes verlo.  

 

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