Trato de olvidar. No sé en dónde encontrar consuelo. Te mostraste frígida a pesar de mi muerte. Había pensado que, para poder escribirte, primero, tenía que dejar correr mi propia sangre por el piso, y en ella, encontrar el destino; como si éste se revelara a través del líquido interno. Simplemente, cuando desperté, me encontré más débil y con un enorme dibujo de tu rostro sobre mi piel, por donde broto toda aquella melancolía/enfermedad/ y tú, tu maldita belleza que aprieta el corazón. Ahora, por la mañana riego el jardín con mi sangre, tal vez sus pétalos rojos alejen el suicido de tu recuerdo.
jueves, 22 de abril de 2010
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2 comentarios:
No mames este me gustó un chingo. Qué bueno que escribes de nuevo (al menos en público) :D
Gracias.
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