Mi mirada sólo observó por un segundo tus piernas desnudas. Sin embargo, mis sentidos y mi instinto soportaron la dicha de imaginar en un instante del deseo, todas las posibles sensaciones que todo tu cuerpo de mujer despoja. El despojo de tu piel se convierte lentamente en una fijación en mis labios; se presenta sobre un deseo intransigente por tragarte y no regresarte; en un montón de suposiciones relacionadas con la suavidad y el desgaste carnal. No puedo olvidar el paso de tus piernas; parecían amantes felices sobre una tierra de muertos.
sábado, 17 de abril de 2010
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