martes, 26 de octubre de 2010

Escrito No. 18

Tus manos, tus manos y tus manos, ¿por qué tus manos? El eje de todo este dolor son ellas, ayer tus manos, hoy tus manos y mañana tus manos.  Todos los días observo, de manera muy detenida, lo que haces con ellas. Le tomas delicadamente las manos a él, son como diversas hojas ―los dedos― que juguetean unas con otras al paso del viento enamorado, a veces producen ―en su jugueteo― lastimosas melodías; son sabias artesanas que tejen, con infinita destreza,  un largo cabello que por momentos abandonas para acariciarlo seductoramente; le dices tantas cosas con las manos que te has olvidado de las palabras, una y otra vez posas tu mano de mariposa sobre la de él que es flor, le das un mensaje de permanecía, seguridad, amor, cariño, calor… Y otra vez tus manos, que son ajenas, en mis letras hundiéndose entre ellas tantas veces. Me pregunto si algo te he robado, si algo que es tuyo me pertenece, tal vez son las imágenes y los movimientos de tus manos de las que me pronuncio ladrón.

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