Tus palabras mienten con abundancia. Tus ojos dicen la verdad con gracia. Le creo más al poeta sentado en el papel que a ti y a mí mismo. Pienso en la otra, y en la otra, y en la otra, y en la otra, y en la otra... Hasta llegar a ti y concluir que las otras son, simplemente, una extensión de ti, de tus demonios y de tus ángeles que, en la creación del verso de tu cuerpo desnudo me das.
viernes, 2 de julio de 2010
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